
A pesar de lo terrible que fue la semana antepasada, en el ansiado viaje de graduación que por fin llegó, recuperé todas las energías que había perdido con la desilusión y las penas que llegaban a angustiarme como de costumbre.
La pasé tan divinamente que tengo esa pesada sensación en el pecho de que algo nefasto me espera al otro lado de la puerta. Pero nada. Son cosas mías.
Cambiando el tema, ahora me siento de más de confundida que nunca. No entiendo que pasa conmigo. Se suponía que él no se aparecería de nuevo. Pero ¿como puedo frenar las lágrimas de mi subconciente, evocadas desde lo más hondo en mi consecuencia del vodka y la cerveza? Es con un fantasma deambulante.
Lo ridículo es que ya no soy sólo yo la que guarda el secreto de mi amor imposible. El alcohol no hizo más que hacerme vomitarlo todo (literalmente). No puedo decir mucho, tengo vagos recuerdos de ese momento. Humillante ¿no?.
De mi escritura, trato de progresar pero lo tengo todo abandonado. Sin nada más que agregar, me despido. Un beso. Hasta la próxima sesión.
