lunes, 18 de abril de 2011

Manos


Te extrañaba tanto que no pude contener las ganas, casi transfigurada en una necesidad, de tomar tu mano por sorpresa y besar su dorso con la adoración de la cosa más sagrada del universo.

¿Qué tienen ellas que a pesar de su aspereza no puedo evitar deslizarlas sobre mis mejillas? ¿Cómo suprimo mis deseos de tomarlas y hacerlas solo mias? ¿Qué podría hacer para hacerlas solo mias?

Adoro cada mancha, cada cicatriz y cada imperfección de ellas, por la simple idea de que las hace más únicas de lo que ya son... más perfectas para mi, acoplándose a mis inperfecciones al igual.

Odio que esas manos ahora no te pertenezcan, menos aún a mi y sigo queriéndolas. No las quiero compartir ni contigo. Sólo me queda seguir tomándolas por sorpresa, cuando no te des cuenta y besarlas con dulzura antes de que las notes ausentes de ti. Amo tus manos, así como tú la amas a ella.