lunes, 28 de junio de 2010

Caídas aparatosas


Es increíble como las decepciones la abruman constantemente. Esta cansada de las desilusiones y como dicen que "los que se desilusionan es por que esperan demasiado de las cosas", lo único que le queda es dejar de ser tan espectante.
Dejar de esperar actitudes de las personas creo que sería lo primero. Le es muy triste que es con el pasar del tiempo que sale a relucir la verdadera podredumbre humana.
Pero bueno, ella sabe que lo importante de caer es como saber levantarse y estudia cada vez más para evitar esas caídas aparatosas con las que tanto se relaciona. Pero ¿que puede decir? ¡ella muy torpe!

Es de tobillos frágiles y posee dos pies y dos manos izquierdas y hace con ellos lo que puede. Tiene un millón de ideas sin ordenar y archivar y esta demasiado exhausta para hacerlo. Como quiesiera ser niña otra vez para no tener esa obligación y poder jugar todo el día, aunque sabe que eso no le permitiría crecer. Ella sabe más que nadie que es la edad en que todo se complica, en que deberá cambiar vestidos por cigarrillos, que llorará incluso cuando no sepa por que, en que estará mas vulnerable que nunca... Pero ella desea fervientemente decirle al mundo que cierre el culo y que deje de hablar tanta mierda, porque ella no es como cualquier niña y se sabe especial.
Es una muñeca a la que se le olvidaron pintarle una sonrisa, pero que tiene a su favor una gran boca descolorida con la que puede defenderse muy bien. Tal vez al besarla se pinte su rostro y eso aun no lo sabe.

Muñeca, muñeca, te dejaron olvidada cuando no te necesitaron más. Que extrañas los versos que recitaban esos labios pueriles que te abandonaron hace mucho y que nunca tuviste la oportunidad de besar. Las manecillas del reloj erosionan su alma y su cuerpo, pero como si fuera una maldición, no desgastan sus recuerdos.
Recuerdos, recuerdos, que no te dejan vivir ni avanzar. ¿Cuándo crecerás muñeca? ¿Cómo crecerás muñeca, si estas destinada a mantener la inocencia?
Creo que si asi ha de suceder, no debes de ser una muñeca, sino una niña que no quiere crecer. Esa niña que no para de sollozar incluso cuando escribe estas líneas.

-Esta será mi última caída- murmura para sí entre gemidos, mordiéndose el labio inferior. Clava la mirada al piso y cierra los ojos para soportar el dolor de su barbilla rota, mientras la golpean recuerdos de quienes la hicieron caer y que finalmente se ve con tristeza a si misma en un espejo roído por el tiempo. No le queda más que limpiar las gotas de sangre que llora su herida con su vestido blanco favorito, que ahora le queda muy chico y que tendrá que dejar de usar para siempre.

1 comentario:

  1. Tremendo relato. Te deja una sensación de amargura indescriptible. Tiene fuerza. Me gustó mucho.

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