La tarde parecía estar mas fría que nunca y la llovizna que bailaba armoniosa junto con la helada brisa no hacia mejor el panorama.
Mientras trataba de saltar los charcos sucios consecuencia de la tormenta del día anterior no lograba dejar de pensar el por qué estaba sola.
Era como cualquier otra niña, al principio ingenua de creer que existen príncipes azules y que el destino es perfecto al lado de una familia perfecta y que ese es el fin de todo ser humano, el ser feliz.
Ya un poco más grande, se dio cuenta que todos buscamos esa felicidad, individualmente de diferentes formas: licitas, ilícitas, imaginándonos otra realidad y forjándolas nosotros mismos.
Había querido buscar a alguien que la acompañara en el camino, alguien con un significado y había evaluado a algunos, sin éxito. Los que parecían reflejar algo de sus objetivos en sus ojos, al momento de acercarse, alguien más se los cerraba.
Se pregunto si era ella la que estaba mal o si era ella la que no tenía un significado para nadie, demasiado ingenua para el mundo real, demasiado limitada para el ancho mundo: una cascara vacía.
Que tristes son las preguntas sin respuesta.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Nadie está vacío del todo, ni siquiera solo del todo. Pero siempre existirán huecos por rellenar.
ResponderEliminarMe gustó el relato.