Yo también sabía lo que era estar sola. Yo también me había quedado sin hogar. A veces cuando nos decidimos aferrar con más fuerza a lo último que nos queda, es cuando lo perdemos con mayor rapidez. Ahora no sabía a donde pertenecía, vagaba tomada de la mano con la incertidumbre, vestida de silencio y buscando un hogar donde estuviera la felicidad tejiendo sonrisas. Mis labios están secos y agrietados por falta de besos y el frío de la soledad provoca que se rompan y sangren cada vez que sonrío. ¿Será que no se vale reír sola?Qué alivio es cuando ocasionalmente consigo refugio. No me podría sentir más segura que en tus brazos, no podría descansar más que dormida abrazada a ellos. Es el lugar más cálido que conozco, más que por la simple ausencia de la soledad, también es por su capacidad de moldearse a mí, como si fuese diseñado para ser la posada de mi melancolía. Siempre me cuesta desprenderme de ellos, pero debo recordarme que los refugios no son más que eso, refugios. Un albergue temporal, efímero. Un abrigo para cuando estoy a poco tiempo de morir de hipotermia.
Como quisiera que tus brazos fuesen mi hogar, tu aliento mi oxígeno y tus besos mi sustento. Pero estoy vacía. ¿Qué tan dulce pueden ser besos de unos labios secos y agrietados? ¿Qué tanto amor podría dar un pecho vacío? Me he prohibido aferrarme a ti porque sé que te perderé más rápido y de puntillas me pongo para susurrarte un nuevo adiós.
Yo tampoco imaginaba que la suerte me abandonaría tan prontamente. Las despedidas son las más amargas. Recuerdo el día en que tus besos fueron diferentes. Noté cuando dejaste de mirarme cuando no te veía, cuando dejaste de preocuparte de más y usaste otro perfume para tener rastros del de ella. Sólo me quedó uno de tus últimos besos tatuado en mi frente, el único lugar de mi cuerpo que hoy conserva su temperatura estable.
Al final del día mis labios y mis manos pasan a pertenecer al frío de tu ausencia. Simplemente la tristeza es falta de ti. Soy vulnerable otra vez y mis paredes caen para encontrarme nuevamente sin hogar, sin abrigo y de la mano con la melancolía. Mientras vuelves, dormiré desnuda con ella en el cemento helado de la acera, siempre esperando a que regreses.

No hay comentarios:
Publicar un comentario