lunes, 26 de septiembre de 2011

José, José Jesús.

Creo en que existen varias clases de felicidad. No hablo de la felicidad por el otro, la felicidad para sí o de la falsa felicidad. Hablo de la felicidad que te da cierto tipo de personas o ciertas situaciones. Más aún, creo que para mí, tu eres una de las situaciones y de las personas que más me producen felicidad en la vida. Ese primer segundo en que tu visita me cae de sorpresa o esa terrible ansiedad de tener que esperar un día o varios para poder verte. Algo que no ocurre siempre y tal vez ese es el toque de hacer cada momento juntos tan especial. Inmensamente especial para mí.

Acostumbrada al hecho de que para ti no soy tan relevante, tan importante como para tomar unos segundos en tu agenda. No estoy lo suficientemente cerca para que me recuerdes y permanezco lo justamente lejos para que no me olvides de vez en vez*
Siempre esforzándome de más, tratando de estar lo suficientemente cerca, esperando darte el suficiente 6espacio que exiges, solo para que no te alejes más de la cuenta. Darte un abrazo, posar mi mejilla en tu pecho y escuchar tus latidos como un dulce lullaby, esperando al fin descansar. Pero aun tengo miedo a dejarme ganar por el sueño y que al despertar no estés. Mejor me quedo despierta, que me enseñes todo lo que puedas, soy una esponja nueva para ti siempre. Y así te recuerdo de pequeña, cuando siempre busqué imitarte. Recuerdo cuando cada fin de semana te buscaba con la mirada en la cama más alta de la litera y esperaba a que despertaras para jugar con tus brazos macizos y tersos a la vez que siempre me alzaban con facilidad. Buscándote, hasta que un día no regresaste.
Miedo.
Miedo.
Miedo de que te vuelvas a ir y no regreses.
Vuelve siempre.
Por favor.

Para mi dulce hermano, que me dio unas líneas que escribir cuando pensé que ya no tenía motivos.

*recordando esto del guión de una de mis películas favoritas en el mundo, Elizabethtown.

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